Al estar fuera de casa, en otro país, es claro que las costumbres y la rutina diaria cambia de gran manera. Las actividades que realizabas en tu hogar cambian mucho al cambiar de ambiente. El tener que cocinar, limpiar, hacer tareas y todo se vuelve tu rutina, tu meta de cada día. Es algo a lo que te tienes que acostumbrar y puede ser difícil o no pero se logra.
Sin embargo, al estar de intercambio durante una crisis sanitaria, cómo la que se está viviendo en estos momentos alrededor del mundo el panorama te cambia todo. Ahora tienes que hacer lo mismo pero durante un estado de alarma. Solo en un país ajeno a lo conocido, encerrado sin poder interactuar con amigos o familia. Haciendo tu rutina desde casa y teniendo la tecnología cómo el único medio para relacionarte con el mundo exterior.
En este punto te comienzas a preguntar, ¿Qué será lo mejor?, acaso regresar a casa, o quedarme y aguantar. A lo que tienes que saber todo lo que puede pasar, el llevar de regreso el virus es una posibilidad, arriesgarse en el aeropuerto. O quién sabe, capaz y ya no hay vuelos. La incógnita de la situación es lo que nos mantiene inquietos.
La decisión que se tome al final del día siempre será la mejor para ti, digan lo que digan, lo que tu mente y corazón te indique para ti siempre será lo mejor. Aún así, es importante saber toda la información y no ignorar los hechos, con el fin de que lo que se haga sea de la mejor y más segura manera.
Estar de intercambio es una maravilla, siempre hay nuevas cosas por aprender, y en estos momentos más que lamentarse hay que dar las gracias de poder tener una experiencia de por vida. En la cual generamos un aprendizaje muy rico y nos dará mejores herramientas para el futuro, sea cual sea tu meta.
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